Nuevo reportaje fotográfico de Boda en la Iglesia de la Caridad y en el Real Club Pineda. Sevilla.

Publicado el 25 25UTC marzo 25UTC 2015 en Actualidad, fotografia de bodas, fotografia de eventos, proyectos realizados | no existen comentarios

Nuevo reportaje fotográfico de Boda en la Iglesia de la Caridad y en el Real Club Pineda. Sevilla.

Daniel Salvador. Fotógrafos de Bodas y Eventos. Sevilla.

Nuevo reportaje fotográfico de boda para este año. La ceremonia será en la Iglesia de la Caridad y la celebración en el Real Club Pineda de Sevilla.

El patrimonio artístico de la Hermandad de la Santa Caridad es uno de los más completos de la ciudad de Sevilla. Exponente de la pujanza alcanzada por la Hermandad y producto de donaciones y legados de hermanos y particulares, además del impulso llevado a cabo por Miguel Mañara.

Consta de piezas muy significativas, tales como las dos Postrimerías de Juan de Valdés Leal o la Exaltación de la Santa Cruz del mismo autor.

Junto a ello la serie de las Obras de Misericordia, la Anunciación, San Juanito y el Niño Jesús, San Juan de Dios y Santa Isabel de Hungría, de Murillo, un Crucificado de Zurbarán o la Muerte y el Caballero de Camprobin.

Para levantar la nueva iglesia se contrató a Pedro Sánchez Falconete (1587-1666), maestro mayor de las obras de la ciudad y también del Arzobispado. La iglesia había de levantarse unos dos metros sobre el nivel del suelo para eliminar el riesgo de inundaciones que frecuentemente se producían. El proyecto de la iglesia la concebía con un interior de nave única, estando cubierta con bóveda de cañón que iría adornada de elegantes yeserías. Las obras se realizaron lentamente, con algunos periodos de inactividad por falta de presupuesto, circunstancias que dilataron la construcción hasta 1670, año en el que finalmente se concluyeron.

La iglesia se edificó con bastante fidelidad al proyecto inicial. Sin embargo, la fachada fue alterada con respecto a su idea original, en lo que se refiere a su parte superior, ya que se abandonó el proyecto de Sánchez Falconete de culminarla con una espadaña, y hubo de terminarse con una cornisa rematada con una baranda de hierro, en cuyos extremos se levantan pináculos. En el centro de este remate se eleva un pequeño ático de movidas líneas que anula el ritmo horizontal impuesto por la gran cornisa que culmina la fachada.

Como autor de la parte superior de la fachada ha de señalarse a Leonardo de Figueroa, arquitecto que en torno a 1682 trabajaba para la Hermandad de la Santa Caridad. Al ser abandonada la idea de rematar la fachada con una espadaña, fue necesario construir un receptáculo para las campanas, por lo que en 1721 se levantó ligeramente retrasada de dicha fachada una pequeña torre cuyo arquitecto se ignora.

Don Miguel Mañara vio siempre muy claro qué mensaje debería trasmitir el interior de la iglesia del Hospital. Para ello creó, con la ayuda de los grandes artistas que físicamente lo plasmaron, un interesante programa iconográfico, basado en el desengaño de las vanidades del mundo (Finis Gloriae Mundi e In Icti Oculi de Juan de Valdés Leal) y en la realización de las Obras de Misericordia (Bartolomé Esteban Murillo y Pedro Roldán). Todo el mensaje culmina con la obligación prioritaria de la Hermandad: enterrar a los muertos, expuesta en el Entierro de Cristo del Retablo mayor de Pedro Roldán.

En él intervinieron los mejores artistas que entonces trabajaban en Sevilla, tanto en el ámbito de la escultura como en el de la pintura. Así, para la ejecución del retablo mayor se dispuso del mejor tracista que ejercía en la ciudad, Bernardo Simón de Pineda, mientras que las esculturas corrieron a cargo de Pedro Roldán. Labores pictóricas corrieron a cargo de Bartolomé Esteban Murillo y Juan de Valdés Leal. Un conjunto de pequeños altares se dispusieron en los muros laterales del templo para albergar las principales devociones de la Hermandad.

A todo ello se añadió la ejecución de un magnífico púlpito, quedando todo el interior perfectamente adornado en 1674, año en que se inauguró la iglesia. En esos momentos faltaba aún la realización de las pinturas de las bóvedas que cubren el antepresbiterio, tarea que se encomendó a Valdés Leal y que se prolongó hasta 1682. El propio artista realizó también el enorme lienzo de la Exaltación de la Cruz que se colocó en el coro.

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