Parroquia de San Sebastián. Sevilla.

Publicado el 21 21UTC julio 21UTC 2014 en fotografia de bodas, fotografia de sevilla, proyectos realizados | no existen comentarios

Parroquia de San Sebastián. Sevilla.

Daniel Salvador. Fotógrafo de bodas y eventos. Sevilla.

El origen de la actual parroquia de San Sebastián se remonta a tiempos de la conquista cristiana, cuando preparando el cerco de la ciudad musulmana, el rey Fernando III. “El Santo”, ordena la construcción de una ermita en el lugar que hoy ocupa la iglesia. Este templo se levanta con la finalidad de servir al culto de la imagen de la Virgen que sería poco tiempo más tarde patrona de la ciudad conquistada, la Virgen de los Reyes.

La originaria ermita fue transformada, después del Repartimiento, por un grupo de genoveses afincados en el lugar que desarrollaban actividades relacionadas con la transformación y el comercio de la lana. Este lugar, conocido como “Prado de las Albercas”, por la abundancia de agua con que contaba y utilizaba en el lavado de la lana, vería surgir así el nuevo templo que, por vez primera, se consagraría al santo patrón de quienes lo levantaban, los genoveses. San Sebastián.

El inmueble que conservamos en la actualidad pertenece al siglo XV. Fue un templo levantado de nueva planta sobre el anteriormente citado que se erigiría en consonancia con los esquemas propios de la arquitectura religiosa de la época bajo medieval en Sevilla y su área de influencia. Tanto su planteamiento arquitectónico, como los materiales utilizados en su construcción, hacen de esta iglesia un ejemplo de sumo interés, buen exponente dentro del tipo arquitectónico en el que se encuadra.

Su tradicional concepción del espacio, tres naves separadas por pilares que soportan arcos apuntados, reincide en este esquema que, salvo contadas excepciones, se repetía en todas las construcciones similares. La portada de la fachada principal, está realizada en ladrillo agramilado. Ésta, junto a otras portadas sevillanas representan la interpretación de los esquemas de la arquitectura gótica elaborados con materiales autóctonos, y no en piedra, como era más habitual. La portada de la iglesia de San Sebastián en Sevilla, presenta además algunos rasgos que la singularizan de las restantes. El detalle diferenciador radica en la ejecución de la rosca del arco.

Es de destacar también en este templo el artesonado que cubre su nave central. Es una excepcional obra de “carpintería de lo blanco” que cuenta con tirantes transversales muy ornamentados, decoración de lacería y la tradicional pina de almocárabe central. Por su tamaño y calidad de ejecución, puede ser comparado con otros ejemplos de alta calidad como los de la nave central de la iglesia de Santiago en Écija o las de San Felipe y el convento de Santa Clara en Carmona.

La función histórica que definiría principalmente la vida de este templo a partir del siglo XVI sería la de actuar como capilla del cementerio que se ubicaba en sus alrededores. Esta función perdura hasta 1852, fecha en la que se clausura definitivamente, un cementerio que sirvió de enterramiento para canónigos y personajes ilustres del Cabildo Catedralicio, así como cementerio de pobres y de urgencia en ocasiones de grandes mortandades, y que llegó a extenderse sobre una gran parte del terreno que rodeaba la iglesia. El espacio ajardinado que se conserva inmediato al templo, hace patente, aún hoy en día, un área de recogimiento e intimismo, recuerdo de los caracteres que durante su historia tuvo este edificio. Un marco de aislamiento que define y contextualiza el propio templo.

Atendiendo a estos valores histórico-artísticos anteriormente reflejados, se considera de suficiente entidad para la Declaración como Bien de Interés Cultural, en la Categoría de Monumento, la iglesia de San Sebastián en Sevilla.

La iglesia de San Sebastián en Sevilla se encuentra en el barrio llamado del Porvenir, zona residencial situada a las afueras del casco histórico tradicional de la ciudad que comenzó a edificarse en 1920 sobre los terrenos que ocupaba el antiguo cementerio llamado también de San Sebastián, cuya iglesia era la que nos ocupa.

En su origen, la Iglesia, se trataba de un edificio aislado, rodeado de un amplio sector, hoy ajardinado, que estaba dedicado a necrópolis. Este singular aspecto está todavía conservado al haberse respetado la zona inmediata al templo, creando una parcela en la que se ubica, que ha permitido conservar hasta nuestros días el carácter de arquitectura bajo medieval exenta, propia del ámbito rural a las afueras de la ciudad, que tenía el monumento desde la época en que fue levantado. En la actualidad, sólo por la parte de la cabecera se encuentra adosado a las nuevas construcciones de este barrio levantadas muy recientemente.

El barrio de El Porvenir comenzó a ser planteado desde 1910. En 1920 se había construido ya algunas casas y el replanteo de las diferentes parcelas comenzaba a dominar todo el sector que antaño ocupara el antiguo cementerio. Rodríguez de la Orden escribía en estos años:

“Ha comenzado a surgir gallardamente a las afueras de la ciudad, buscando amplios horizontes que señalen la nueva vida, frente al parque, delirio de propios y extraños”.

Nacía entre los terrenos acotados por el Prado de San Sebastián y el antiguo cauce del Tamarguillo, un tipo de urbanización muy en consonancia con los supuestos urbanísticos de la época, en la que se contemplaban las zonas verdes en el interior de cada parcela y la edificabilidad estaba controlada en altura, no rebasando un total de tres pisos en ningún inmueble.

Pero fue la Exposición Iberoamericana de 1929 el fenómeno que terminó por definir la urbanización de este sector de la actual ciudad, incluso, dotándolo de valores histórico-artísticos que en un principio pudieron ser inimaginables. El entorno del Parque de María Luisa, en el que se iba a desarrollar la muestra, quedaba extraordinariamente cercano a este nuevo barrio que contaría con un entorno considerado como área monumental desde la creación de los pabellones de la exposición. Un barrio que contaría con una especial personalidad en la ciudad al estar separado de ella por los terrenos no edificados del Prado de San Sebastián, y por la gran área de carácter histórico dedicada a zona verde que representa toda la extensión del Parque de María Luisa.

En esta zona descrita, perteneciente al pasado reciente de nuestra ciudad, se encuentran, como único enclave histórico de mayor antigüedad, los jardines y la iglesia de San Sebastián. La acotación de lo que antaño fueran los terrenos de todo el cementerio, la ermita y demás zonas dedicadas a huertos, se reducen hoy a la parcela que alberga la actual parroquia junto a otras dependencias de reciente edificación que no cuentan con ningún rasgo de interés histórico-artístico.

La iglesia de San Sebastián en Sevilla se encuentra en el barrio llamado del Porvenir, zona residencial situada a las afueras del casco histórico tradicional de la ciudad que comenzó a edificarse en 1920 sobre los terrenos que ocupaba el antiguo cementerio llamado también de San Sebastián, cuya iglesia era la que nos ocupa.

En su origen, la Iglesia, se trataba de un edificio aislado, rodeado de un amplio sector, hoy ajardinado, que estaba dedicado a necrópolis. Este singular aspecto está todavía conservado al haberse respetado la zona inmediata al templo, creando una parcela en la que se ubica, que ha permitido conservar hasta nuestros días el carácter de arquitectura bajo medieval exenta, propia del ámbito rural a las afueras de la ciudad, que tenía el monumento desde la época en que fue levantado. En la actualidad, sólo por la parte de la cabecera se encuentra adosado a las nuevas construcciones de este barrio levantadas muy recientemente.

El barrio de El Porvenir comenzó a ser planteado desde 1910. En 1920 se había construido ya algunas casas y el replanteo de las diferentes parcelas comenzaba a dominar todo el sector que antaño ocupara el antiguo cementerio. Rodríguez de la Orden escribía en estos años:

“Ha comenzado a surgir gallardamente a las afueras de la ciudad, buscando amplios horizontes que señalen la nueva vida, frente al parque, delirio de propios y extraños”.

Nacía entre los terrenos acotados por el Prado de San Sebastián y el antiguo cauce del Tamarguillo, un tipo de urbanización muy en consonancia con los supuestos urbanísticos de la época, en la que se contemplaban las zonas verdes en el interior de cada parcela y la edificabilidad estaba controlada en altura, no rebasando un total de tres pisos en ningún inmueble.

Pero fue la Exposición Iberoamericana de 1929 el fenómeno que terminó por definir la urbanización de este sector de la actual ciudad, incluso, dotándolo de valores histórico-artísticos que en un principio pudieron ser inimaginables. El entorno del Parque de María Luisa, en el que se iba a desarrollar la muestra, quedaba extraordinariamente cercano a este nuevo barrio que contaría con un entorno considerado como área monumental desde la creación de los pabellones de la exposición. Un barrio que contaría con una especial personalidad en la ciudad al estar separado de ella por los terrenos no edificados del Prado de San Sebastián, y por la gran área de carácter histórico dedicada a zona verde que representa toda la extensión del Parque de María Luisa.

En esta zona descrita, perteneciente al pasado reciente de nuestra ciudad, se encuentran, como único enclave histórico de mayor antigüedad, los jardines y la iglesia de San Sebastián. La acotación de lo que antaño fueran los terrenos de todo el cementerio, la ermita y demás zonas dedicadas a huertos, se reducen hoy a la parcela que alberga la actual parroquia junto a otras dependencias de reciente edificación que no cuentan con ningún rasgo de interés histórico-artístico.

El estilo arquitectónico predominante en este inmueble es el mudéjar, pudiéndose definir así tanto por el planteamiento estructural del templo, como por los elementos principales y de mayor calidad e interés artístico que posee: su portada, de líneas que claramente la enmarcan en la arquitectura de finales de] siglo XV, y el artesonado de la nave central, obra de grandes dimensiones y perfecta ejecución en el trabajo de la “carpintería de lo blanco”.

Se desconoce la autoría de esta construcción. Debe enmarcarse dentro de los trabajos realizados por el amplio grupo de alarifes y artesanos existentes en la ciudad de Sevilla y su zona de influencia a finales de la Edad Media.

Uno de los elementos más interesantes con que cuenta es la portada principal. Está compuesta por dos sencillos baquetones de sección semicircular situados en los extremos entre los que se desarrolla un arco apuntado de forma muy simple que cuenta con una sencilla moldura que lo remarca en su rosca cercana al vano y otra exterior que se describe paralela a ésta. La portada resalta del resto de la fachada porque está realizada toda en ladrillo agramilado, contrastando el color rojizo de este material con el enlucido y blanqueado del muro. Como único elemento decorativo cuenta en la parte superior con un relieve que recrea la Giralda entre jarras de azucenas, escudo que delata la relación directa con el Cabildo de la Catedral mantenida por esta ermita desde su creación,aunque la ejecución de este emblema sea posterior a la fecha en que se realiza la portada. Los tres óculos, el superior y los dos laterales, son los únicos vanos abiertos en la fachada principal. No presentan decoración alguna, sólo el perfil del vano horadado en la fábrica. Esta fachada cuenta además con una sencilla espadaña colocada en su lado izquierdo, junto a la actual casa parroquial, que presenta un sólo cuerpo con arco entre pilastras coronado por frontón, circular decorado en la parte superior con remates cerámicas y una veleta.

La fachada lateral cuenta con unos potentes contrafuertes de sección irregular entre los que se ha abierto recientemente una portada, con arco de medio punto muy sencillo para permitir la entrada y salida de los pasos de la Hermandad de la paz.

El templo presenta una estructura arquitectónica muy simple, con planta rectangular de tres naves y prebisterio cuadrangular cubierto por cúpula levantada sobre pechinas. A ambos lados del prebisterio se prolongan las naves laterales creando dos espacios que se dedican uno, lado de la Epístola, la sacristía, que está fuertemente remodelado con cubierta adintelada de reciente construcción, el otro, lado del Evangelio, se dedica a capilla para el culto del Santísimo Sacramento e Imágenes de la Hermandad de la Paz que reside en el templo, está cubierto por bóveda de aristas y presenta una linterna circular en el centro.

El alzado de las naves de la iglesia se levanta mediante pilares de sección cruciforme, desde los cuales, partiendo de las impostas, se inicia el trazado de unos arcos apuntados .

La nave central se cubre por una magnífica armadura de madera en artesa que cuenta, con una decoración pintada, localizada en los extremos, que recrea motivos de lacería, mientras en el centro, aparecen remates con decoración de pinas de almocárabe. La cubierta cuenta con unos tirantes calados, también pintados, que refuerzan el empuje transversal de las soleras. En las naves laterales la cubierta se resuelve por sencillas estructuras de madera en colgadizo.

 

 

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